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Plasma rico en factores de crecimiento

Cuando se produce una lesión (sea herida, fractura, rotura o esguince de ligamentos, lesión muscular, etc.) el cuerpo tiende, de manera maravillosamente ingeniosa, a la autoreparación. No obstante, en ocasiones no lo consigue por sí mismo, y es necesario entonces el apoyo de alguna forma de terapia.

Para que una lesión se pueda reparar, deben darse una serie de condiciones favorables. La primera es la ambiental. La herida o fractura debe ser estable, cerrada, bien vascularizada y libre de infección. La segunda es la celular. Las células reparadoras deben ser capaces de migrar a los bordes de la herida desde el tejido sano. La tercera es la bioquímica. Los factores de crecimiento y otras citokinas deben estar presentes en concentración suficiente para estimular los mecanismos de reparación tisular. Las dos primeras condiciones se pueden asegurar mediante medidas mecánicas: limpieza, desbridamiento, estabilización y cierre de la herida o fractura. La tercera puede ser mejorada mediante el aporte de altas concentraciones de factores de crecimiento.

La liberación de factores de crecimiento desde las plaquetas y células de la serie blanca constituye la orden inicial que desencadena la reparación tisular. Durante la respuesta fisiológica ante una herida las plaquetas se agregan en la superficie lesionada y descargan su contenido de factores de crecimiento y citokinas desencadenando la cascada del proceso reparativo. Se han descrito no menos de 25 sustancias que influyen decisivamente en la curación y proceden de las plaquetas y leucocitos. Las más destacadas son: el PGDF (factor de crecimiento derivado de las plaquetas), el TGF beta (factor de crecimiento transformante beta) y el VEGF (factor de crecimiento endotelial vascular).

Desde el año 2002, venimos utilizando sistemáticamente el PRFC como ayuda en la terapia de muchos de nuestros pacientes. En multitud de patologías, como retardos de consolidación ósea o pseudoartrosis,  lesiones de ligamentos o musculares, degeneración tendinosa (tendón de Aquiles, rotuliano, epicondilitis, etc.), o incluso úlceras cutáneas difíciles de curar, el uso del PRFC ha demostrado ser de gran utilidad. Poco a poco, se van publicando estudios que demuestran de una manera científica lo que los cirujanos íbamos notando en la práctica diaria, lo que nos anima a continuar ofreciendo a nuestros pacientes esta alternativa. Unas veces, el tratamiento por medio de PRFC puede realizarse en lugar de una intervención quirúrgica, y otras veces, como colaboración durante la intervención, pero el objetivo final será siempre el de permitir que el proceso natural de curación de nuestro cuerpo pueda activarse y ser más rápido y seguro.

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