Se puede definir como tal una afección que
se caracteriza por la disminución de la densidad ósea
del hueso, lo cual favorece su fragilidad y por lo tanto la producción
de fracturas ante traumatismos a veces mínimos.
El riesgo de estas es mucho mayor en la mujer que en el hombre,
siendo esto mucho más llamativo a partir de la menopausia
en las mujeres, tendiéndose a un acercamiento en los porcentajes
a partir de los 85 años.
Debido a la gran frecuencia de aparición de osteoporosis
en las sociedades occidentales se la considera como una consecuencia
normal del envejecimiento y se olvida que es una enfermedad influida
por el estilo de vida y la dieta inadecuada, entre otros factores
predisponentes.
No tiene un comienzo ni una clínica bien definida, siendo
en la mayor parte de las ocasiones su primera manifestación
la aparición de una fractura, fundamentalmente de cadera,
muñeca o aplastamientos vertebrales.
En esta enfermedad se produce un deterioro de la microarquitectura
de los huesos, lo que supone un aumento de su fragilidad (y por
lo tanto del número de fracturas). Es asintomática,
por lo que puede pasar desapercibida durante muchos años
hasta sus consecuencias finales.
El hueso no es un órgano rígido, como aparenta,
está lleno de vitalidad, se destruye y construye constantemente
y, sin descanso, almacena, libera cambia y pone en circulación
minerales como calcio, fósforo, magnesio, etc., que son
importantes en la regulación y funcionamiento de nuestro
organismo: metabolismo celular, contracciones musculares y del
corazón, funcionamiento del sistema nervioso, etc.
Su frecuencia es cada vez mayor, influida en gran parte por el
aumento de la expectativa de vida, pero también por la
disminución de actividad física en las sociedades
urbanas, así como el uso cada vez mas frecuente de alimentación
fácil, cuya composición no es la más adecuada
para considerarla alimentación como correcta.
Afecta fundamentalmente a mujeres tras la menopausia, siendo su
origen un descenso brusco de los niveles de hormonas femeninas
(estrógenos y progesterona), ayudado a su vez por la característica
del hueso femenino (menos denso que el hueso masculino).