La mano del hombre es el elemento clave de la evolución, al convertirse en pinza y liberarse de realizar prensión y fuerza, consigue fabricar instrumentos, se aumenta el desarrollo del cráneo y progresivamente la inteligencia.
El elemento diferencial de la mano humana a la del resto de los animales es la posibilidad de enfrentar el pulgar a los demás dedos (movimiento de oposición) que le permite convertirse en una pinza y poder coger con suavidad objetos pequeños.
La mano es por tanto un órgano de ejecución: tanto de presión (actuando con fuerza) como de precisión (actuando delicadamente), pero no hemos de olvidar que es un receptor sensorial extremadamente sensible y por lo tanto un elemento de relación con el medio que nos rodea (nos permite conocer la forma, tamaño, temperatura y consistencia o textura de los objetos a nuestro alcance). Además interviene en la comunicación no verbal entre nuestros semejantes utilizándolo como elemento simbólico (saludo, dar la mano, lenguaje de los signos), o de relación (gestos, caricias).
Dada su gran complejidad, y su gran utilidad, ya Aristóteles lo definió como el instrumento de los instrumentos.
Puede realizar numerosas funciones, su movilidad le permite adaptarse a las formas de los objetos o adaptar los objetos a la forma que se le desea dar, en cierto modo es capaz de expresar las ideas (pintura, escultura, escritura,…). Permite fabricar, comer, palpar, comunicarse y expresar emociones. Es fuente de salud, de ayuda, símbolo de solidaridad y de paz, y al mismo tiempo es un elemento de hostilidad, protesta, transmisor de enfermedades y causa de patología habitualmente compleja, porque compleja es su anatomía y biomecánica.
Su gran movilidad se consigue gracias a la existencia de 19 huesos articulándose entre sí formando 17 articulaciones (algunas de ellas con otras subarticulaciones), presenta gran número de ligamentos, de músculos externos que con sus tendones ejercen fuerza y de músculos propios de la mano que ajustan y hacen precisos los movimientos.
La alta sofisticación que ha adquirido la mano hace necesario la especialización de determinados médicos en el tratamiento (fundamentalmente en el quirúrgico) de las patologías que le son específicas, fundamentalmente derivadas de mecanismos lesivos (propios del campo de la traumatología), aunque también es necesario el tratamiento quirúrgico de patologías propias del ámbito de la reumatología (lesiones inflamatorias degenerativas y compresivas), alteraciones genéticas y tumorales, cuando no se pueda actuar médicamente.
En la unidad de mano se trata cualquier tipo de lesión que afecte a este segmento, así como al antebrazo y ocasionalmente a brazo y codo (fundamentalmente en lesiones compresivas de los nervios periféricos).
Como ya hemos señalado las patologías que puedan afectar a la mano son múltiples y variadas, requiriéndose ocasionalmente la intervención de múltiples especialistas tanto para su estudio, como para su tratamiento, trabajando los traumatólogos conjuntamente con cirujanos plásticos, reumatólogos, radiólogos, neurofisiólogos, especialistas en cirugía vascular, médicos rehabilitadores y recuperadores físicos.
A continuación señalaremos una serie de patologías que se tratan más frecuentemente en los servicios donde existe una unidad de mano. Habitualmente se tratan de patologías leves pero invalidantes para la persona que las padece.