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Displasia fémoro-patelar y el dolor de la cara anterior de la rodilla

¿Que es la displasia femoropatelar?

La displasia fémoro-patelar (DFP) es una alteración en la forma de la rótula y de la parte del fémur con la que se articula (llamada tróclea, por su forma habitualmente excavada, como si fuera un surco o carril). Se produce a lo largo del crecimiento, sin que se conozcan todavía las causas que la originan. Se trata de un proceso bastante frecuente, pero sobre el que todavía existe bastante desconocimiento, incluso entre los médicos. No hay mucha información sobre este problema en la literatura científica.

Debido a nuestra importante dedicación a la patología de la rodilla, y a nuestra relación con la escuela francesa de rodilla y con el Profesor David Dejour, en Arriaza y Asociados hemos reconocido esta patología y adaptado el tratamiento de los pacientes hace mucho tiempo. Aún así, es importante reconocer que se trata de un problema para el cual la medicina y la cirugía probablemente no tienen el tratamiento definitivo, aunque logramos resultados mucho mejores que antes de identificarlo

 

Displasia fémoro-patelar y el dolor de la cara anterior de la rodilla

                                                                                                                                                         El Doctor Arriaza con el Profesor David Dejour (en el centro), en La Coruña

 

¿Cómo se diagnostica la DFP?

La displasia puede afectar tanto a la forma de la rótula como a la de la tróclea femoral, aunque lo más frecuente es que afecte a ambas estructuras. Esta displasia puede identificarse tanto en las radiografías simples de buena calidad técnica, como en los estudios de TAC o de RMN. En condiciones ideales, la rótula debería tener dos carillas casi simétricas, formando una “V”, que encajasen con un surco de su misma morfología. En los casos de DFP las carillas son desiguales y la rótula con frecuencia está desplazada lateralmente (o “subluxada”), de forma que la superficie de contacto es muy pequeña, dando lugar a cuadros como la inestabilidad rotuliana, con luxaciones recidivantes, el dolor persistente en cara anterior de la rodilla y el deterioro del cartílago articular (la famosa “condromalacia rotuliana”).

 

  Displasia fémoro-patelar y el dolor de la cara anterior de la rodilla

Rótula correctamente centrada en una radiografía axial: ambos surcos coinciden perfectamente
 
 
 

  Displasia fémoro-patelar y el dolor de la cara anterior de la rodilla

Displasia de rótula (con forma de “boina de cazador alpino”, y subluxada hacia afuera), y de tróclea, que es convexa en lugar de cóncava. 
               

¿Qué síntomas produce este problema?

La DFP puede dar lugar a diversos tipos de síntomas, que suelen depender de la edad de comienzo y –por lo tanto- de la gravedad de la displasia. En los niños y adolescentes, muchas veces debuta con un episodio de luxación de la rótula (el hueso se sale completamente de su sitio, con mucho dolor y derrame), o con episodios múltiples de subluxación (la rótula se desplaza lateralmente sin salirse del todo), sin ningún traumatismo importante. En jóvenes, puede mostrarse como dolor de cara anterior de la rodilla, o como episodios de luxación o subluxación tras traumatismos menores. En pacientes más mayores, suele presentarse como dolor persistente, sobre todo al subir y bajar escaleras o con la actividad física, dolor que desgraciadamente persistirá incluso tras la realización de las cirugías convencionales, como las aperturas o liberaciones del alerón rotuliano externo o las realineaciones convencionales de la rótula, llevando a la frustración tanto del paciente como de su cirujano.

¿Existe algún tipo de tratamiento?

Con respecto al tratamiento, a veces –sobre todo en casos leves- es suficiente con un programa de rehabilitación correcto, que debe incluir un trabajo específico de todas las cadenas musculares. Debe trabajarse tanto la región abdominal y la musculatura abductora o separadora de las caderas como la musculatura del muslo, en lugar de centrarse exclusivamente en el trabajo de vasto interno, como se hacía clásicamente.

Si es necesario recurrir a la cirugía, el tratamiento debe dirigirse a corregir las anomalías de la forma de los huesos que existen en estos pacientes. Pueden llevarse a cabo técnicas como: 

  •  La trocleoplastia. Consiste en reconstruir la tróclea, para darle una contención ósea a la rótula a lo largo de su recorrido, creando, de manera artificial, ese surco o carril que debería existir en el femur y no existe.
  • La reconstrucción o plastia del ligamento patelofemoral medial. Este ligamento es la rienda que impide el desplazamiento exagerado de la rótula hacia el exterior, y que se rompe en los casos de luxación de la rótula.
  • El cambio de posición de la tuberosidad tibial (el hueso donde se ancla el tendón rotuliano en la tibia), para mejorar la línea de tracción del tendón sobre la rótula.
  • Las osteotomías derrotatorias de fémur o de tibia, que consisten en cortar y volver a pegar los huesos después de rotar los fragmentos, para lograr que la rótula y el fémur se sitúen en el mismo plano, y puedan reducirse las fuerzas que tienden a desplazar la rótula fuera de su carril de movimiento.
  • Si se ha producido ya una artrosis importante entre la rótula y el fémur, a veces la única alternativa es la realización de una cirugía como la osteotomía de adelgazamiento de la rótula, que consiste en extirpar una lámina de hueso, adelgazando la rótula para reducir la presión en la articulación, o la implantación de una prótesis fémoro-patelar. Estas son cirugías que se realizan en unos pocos centros especializados, como el nuestro, siendo el Doctor Arriaza referencia en la bibliografía médica mundial sobre este tema.

  

Displasia fémoro-patelar y el dolor de la cara anterior de la rodilla

       Prótesis fémoro-patelar con buen resultado a los 10 años de su implantación

 

¿Como se elige el tratamiento adecuado entre las diferentes opciones?

En cualquier caso, el tratamiento debe ser siempre individualizado. Cada paciente y cada caso son diferentes. En Arriaza y Asociados optamos siempre por aquel tratamiento que pueda ofrecer mayores posibilidades de buen resultado al paciente. Si se puede elegir ente dos alterativas, elegiremos aquella que suponga una menor agresión, y por lo tanto, menores riesgos de complicaciones.

Aún así, se trata de una patología en la que es necesario aceptar nuestras limitaciones actuales: la modificación de la forma de los elementos de la rodilla es un gesto artificial, que aunque sea lógico y esté realizado correctamente, puede dar lugar a complicaciones o malos resultados en algunas ocasiones. Por ello, es necesario que tanto los pacientes como sus cirujanos conozcan perfectamente los objetivos que se buscan y los medios para lograrlos, para valorar si merecen la pena o no en cada caso concreto.